| La realidad del G12 |
|
|
|
| Written by Alex |
| Saturday, 19 September 2009 01:42 |
|
Por: Miguel Rosell “La oración de Jabes: cambio de naturaleza”; un mensaje del gnosticismo “Pero
hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros
falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías
destructoras... y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los
cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán
mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de
largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.” (2 Pedro 2: 1-3) La grandeza de sí mismos que nos presentan los Castellanos
tan sólo la supera, aunque por poco, su propia imaginación o más bien
su fantasía. Pero eso no es inocuo. Cada vez nos preocupa más el grado
y espectro de confesada falsedad que vierten sobre miles de personas en
sus conferencias, muchas de estas gentes verdaderamente cristianas, que
sumisa y ordenadamente – inexplicablemente - están bebiendo de esas
aguas de más que dudosa potabilidad. Como repetidamente hemos estado insistiendo en estos últimos meses, el Gobierno de Doce y su doctrina, también llamado “Visión de Gobierno de Doce” o “visión celular” no es evangélico.
El enfoque general doctrinal del llamado Gobierno de Doce, tanto de
Castellanos, como de Cash Luna, etc. es en gran manera hacia el
materialismo, etiquetándolo de prosperidad de
parte de Dios. Eso está confundiendo a muchos, y a otros los está
definitivamente dirigiendo hacia una carnalidad, ambición y codicia que
jamás antes habrían pensado que pudieran llegar a experimentar, como
dice mi buen amigo el Dr. Antonio Bolainez: “...el
ataque de Satán a la iglesia...se basa en un enfoque de una falsa
prosperidad, desatando en los cristianos un espíritu de codicia.” (1) Pero
al escuchar a Castellanos en una de sus disertaciones, la cual
analizaremos en profundidad y detalle en este artículo, una gran luz
rojo-infierno se encendió ante mis ojos. No solamente dicho orador
incitaba al oyente hacia la ambición tanto materialista como
“ministerial”, sino que enseñó abiertamente herejía gnóstica, aunque
eso sí, dando de boca y de continuo la “gloria” a Cristo. Ruego
la atención del lector, tanto si está en contra del supuesto Gobierno
de Doce, como lo estoy yo y miles más, o si por el contrario, es un
arduo defensor del mismo. Lo que se va a desarrollar aquí, no pretende
ser un ataque contra nadie en particular, sino que la intención no es
sino la de abrir los ojos de todos, y para ello, detallaré
declaraciones constatadas y contrastadas, de modo que cada cual pueda
sacar sus propias y libres conclusiones. En la 12ª Convención Internacional del G12 en Bogotá (Colombia), “Su mano está sobre mí”, César Castellanos dio ante miles de personas que llenaban el auditorio de El Campín, su conferencia: “La oración de Jabes; un “cambio de naturaleza”. Así pues, Castellanos utilizó el término naturaleza, e insistió en que cada cristiano nacido de nuevo requiere de un cambio de la misma... ¡sí, ha leído usted bien!; no todo no creyente, sino ¡todo verdadero creyente! Partiendo de una supuesta palabra rhema que su esposa la señora Claudia de Castellanos dijo haber recibido del Señor, y que – “tenía que ver con la oración de Jabes” – César Castellanos continuó literalmente diciendo: Cuando
ella me compartio esa oracion yo dije esa es la direccion de Dios para
la iglesia, y vamos a que toda la iglesia reciba esta palabra rhema, y
haga de esta palabra parte de su propia vida. 1. La oración de Jabes En cuanto a la llamada “Oración de Jabes”,
se han escrito libros enteros, y es punta de lanza de todos esos
ministerios proclives al materialismo cristiano (lo que llaman, “teología de la prosperidad”). La revista Christianity Today
informó en su edición del 12 de Noviembre del 2001 acerca de la
polémica que ha surgido en los círculos cristianos de los Estados
Unidos en torno al libro La Oración de Jabes. Hank Hanegraff, autor del conocido libro Cristianismo en Crisis, en un nuevo libro que lleva por título The Prayer of Jesus (La Oración de Jesús)
aclara al mundo cristiano que la oración de Jabes, aunque constituye
una oración bonita, no puede ser considerada en modo alguno un modelo
bíblico de petición. “Si pudiéramos dirigirnos hoy a Jesús –se pregunta Hanegraff– y decirle: ‘Señor, enséñanos a orar’ ¿Nos recomendaría que utilizáramos la oración de Jabes?” (3) En ese sentido, James Mulholand, en su libro Praying Like Jesus (Orando como Jesús), remarca que mientras la Oración Modelo que Jesús nos enseñó busca ante todo discernir la voluntad de Dios, La Oración de Jabes es un refrito egoísta de teología de la prosperidad. “En muchos sentidos –afirma Mulholand– la Oración de Jabes es contraria al corazón del evangelio y las prioridades de Jesús”.
(4) ¡Y es cierto!, porque como “modelo” de oración, sólo está enfocada
al bienestar del peticionario, y no busca necesaria y sacrificialmente
la perfecta voluntad de Dios. La famosa, aunque escueta oración de Jabes, la encontramos en 1 Crónicas 4: 9, 10; “E
invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición,
y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me
libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.” No
estamos en contra de buscar la bendición de Dios para nuestras vidas,
porque creemos y confiamos en un Dios que bendice y se goza en
bendecir, pero no podemos anteponer nuestros deseos a los deseos de
Dios a la hora de orar. Siempre hemos de pedir que se haga Su voluntad,
por encima de la nuestra, y si somos honestos en nuestro orar, veremos
que muchas veces Dios responde de manera muy diferente a cómo
inicialmente le pedimos, o le pensábamos pedir. Por
lo tanto, concordamos con los autores mencionados arriba en que la
“oración de Jabes” no puede ser un modelo a seguir, a diferencia de
cómo nos enseñó el Señor a orar (ver Mt. 6: 9-13) Así
como todos los verdaderos cristianos somos realmente bendecidos por
nuestro Dios, aunque a veces las circunstancias difíciles de la vida no
nos trasmitan ese mensaje, Castellanos, curiosa y paradójicamente, nos
presenta a un dios que sí hace diferencia entre unos cristianos y
otros, añadiendo además un concepto presuntamente teológico, pero que
al oírlo, más que asombrados, nos quedamos estupefactos. Él dijo
textualmente lo siguiente: Podriamos
ver todo lo que enseña esa oracion, como Jabes que su nombre significa
aflicción, el llego un momento cuando no quiso conformarse mas a esa
marca y anhelo un cambio de naturaleza. Y por eso oro a Dios con todo su corazon y le dijo: Señor si tu me bendices- Y la bendicion de Dios implicaba cambio de naturaleza. ¿Jabes anheló y pidió un “cambio de naturaleza”? ¿La bendición de Dios implicaba un “cambio de naturaleza”? ¿Qué significa eso de un “cambio de naturaleza”?
¿Quizás pensó que estaba cansado de ser hombre y quiso ser otra
cosa?... Lejos del chiste fácil, veremos que esa declaración de “cambio de naturaleza”, no es más que enseñanza proveniente del gnosticismo, comúnmente llamado hoy en día: Nueva Era (New Age) Básicamente
Castellanos enseña que existen dos tipos de cristianos: el cristiano A,
que es el común y corriente (tipo de Jabes antes de hacer su oración);
y el cristiano B, que es el verdaderamente ungido (tipo de Jabes con su
“naturaleza” cambiada). Castellanos aborda toda esta cuestión con
astucia y aplomo, usando alguna vez las Escrituras a su favor y
conveniencia. Primeramente lo expone en términos naturales: 2. Según Castellanos el hombre tiene dos naturalezas distintas – “hombre rico, hombre pobre” Convenciendo
a su audiencia acerca del supuesto bien moral de ser rico y próspero
como alternativa a ser lo contrario, el líder docenario aseguró que el
ser humano tiene dos naturales distintas, que según él son: “la naturaleza de ser pobre” y la “naturaleza de ser rico”. Para ello no dudó en citar fuera de texto y contexto – como simple pretexto - la Escritura, y dijo así: Desarrollándolo, lo declaró del siguiente modo a renglón seguido: “Por
ejemplo, hay pobres que quieren vivir en el sector de los ricos, y van
a adquirir compromisos financieros que les van a asfixiar, les van a
ahogar y les van a llevar a quedar con muchas deudas que no van a poder
cumplir porque ellos tienen la naturaleza de pobres, pero también por otro lado, el que tiene la naturaleza de rico, para ellos les es fácil traer la prosperidad, hacer finanzas, multiplicar los recursos.” (7) Dando
por sentado que existen esas dos naturalezas aludidas (lo cual es
absolutamente discriminatorio, xenófobo, y que haría reír a cualquier
estudiante de psicología de primer curso), manipuladoramente
Castellanos incita a su audiencia a desear de todo corazón esa “naturaleza de ser rico”, y desechar la “naturaleza de ser pobre”, esto último como algo inmoral e indigno de un cristiano que se precie. Su
planteamiento es el siguiente: “¿Quién quiere ser pobre, adquiriendo
compromisos irrealizables, endeudándose, en un constante “quiero y no
puedo”, etc. pudiendo llegar – contrariamente - a ser rico y próspero,
multiplicando los recursos...y todo para la mayor “gloria de Dios”?... ¡Bienvenido al hogar cristiano, Flautista de Hamelín! ¡Sigue tocando tu música que te seguiremos!... Henry Ford, un hombre con ¡“naturaleza de rico”! Para darnos un ejemplo a seguir - aparte de él mismo -, un ejemplo de hombre con “naturaleza de rico”, nos presenta a un personaje que menciona en uno de sus afamados libros, “Liderazgo de éxito a través de los 12”,
página 99. Este es, Henry Ford, un hombre no cristiano, “pionero del
estado del bienestar a través de la sociedad de consumo” (8), que dice
él que dijo: “Pueden
destruir mis empresas, mi industria, todo lo que tengo, pero si me
dejan las personas que trabajan conmigo, volveré a levantar estas
empresas”. Castellanos asegura que dijo así, debido a que Ford tenía “una naturaleza de rico, de próspero” (9) Entonces para Castellanos, un impío como Henry Ford, tenía la bendición de Dios – “naturaleza de rico” - en detrimento de muchos verdaderos cristianos, que no la tienen sino que tienen la “naturaleza de pobre”.
Quizás para darnos el mejor ejemplo de esto último, hubiera podido
Castellanos darnos el del mismo Señor Jesucristo cuando Él dijo: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.” (Mateo 8: 20) Siguiendo el planteamiento del docenario, llegamos a la conclusión entonces, de que nuestro Señor tenía “naturaleza de pobre”... ¡Inaudito, así como del todo impresentable! Pero
no queda ahí la cosa en lo estrictamente material. Castellanos avanza
en su exposición, y ya habiendo inculcado en su audiencia el ardiente
deseo de ser rico, y no pobre, toca aún una fibra mucho más sensible. 3. La “naturaleza de ser pastor de iglesia pequeña” y la “naturaleza de ser pastor de iglesia grande” A continuación veremos que la “naturaleza de ser pobre” o de ser “rico”, también se extrapola a la cuestión ministerial. No
sólo, según Castellanos, esa “naturaleza de ser pobre o rico” pasa por
las cuestiones materialistas, sino que también tiene que ver con el
servicio a Dios, lo cual ya es más grave. A renglón seguido, el autor
docenario nos sorprende con lo siguiente: “Y
cuando yo leí ese texto, también comprendí que algo similar sucede con
pastores que tienen iglesias pequeñas, pero que quieren comportarse
como pastores de iglesias grandes. Van a terminar confundiendo a la
gente, desanimando a la gente, exigiéndoles cosas que ellos no están
preparados para hacer porque tienen la naturaleza de ser pastores de iglesias pequeñas. Para alguien que tiene la naturaleza de pastorear una iglesia grande, le es fácil atraer las multitudes, le es fácil llegar a las personas, le es fácil multiplicarse porque es una naturaleza de multiplicación.” (10) ¡Inaudito,
jamás había escuchado esto antes! Ahora resulta que hay pastores que
tienen la naturaleza de serlo de iglesias, aunque pequeñas... Así pues,
están los pastores de “naturaleza de iglesia grande”, y los de “naturaleza de iglesia pequeña”. ¡Estamos estupefactos! Es
evidente la intencionalidad de ese hombre, de provocar a los ministros
del Señor a la ambición y codicia de almas, así como previamente ha
hecho con el resto de su audiencia, provocándola al deseo de las
riquezas, porque humanamente hablando, ¿qué ministro del Señor quiere
tener esa presunta “naturaleza de iglesia pequeña”? ¡Nos deja perplejos la “teología” de Castellanos!, pero más nos sobrecoge esa osadía. Para
mí lo realmente increíble era el contemplar a toda aquella cantidad de
gente reunida allí; muchas de esas personas, ministros de años,
diciendo amén a esas
barbaridades. ¡Cuánto aturdimiento espiritual! ¡Cuánta sangre cuántos
malvados no habrán derramado para tanto encantamiento y ceguera! Y para dar un ejemplo de lo que según él es tener una “naturaleza de pastor de iglesia pequeña”, sin ambages, dijo: “Acá
en Bogotá había un pastor amigo mío muy querido pero él, un día me
sorprendió porque el nombre que puso a su iglesia fue “Manada Pequeña”,
y la verdad es que nunca vi que su iglesia creciera, nunca pasó de cien
miembros, porque él ya le puso la marca: “esto es lo que puedo hacer”. (11) Descabellada
e inconsecuentemente, Castellanos está corrigiendo al mismo Señor
Jesucristo, el cual llamó a todos sus verdaderos discípulos
precisamente: “manada pequeña”; “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lc. 12: 32) ¿Quizás
Castellanos no ha leído en su biblia que el crecimiento, tanto numérico
como espiritual lo da Dios y no los hombres, por mucha fabulosa (e
inexistente) “naturaleza de pastorear iglesia grande” que tengan? Ni siquiera el bendito apóstol Pablo se adjudicó mérito alguno al respecto: (1 Corintios 3: 6, 7) “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” Llegado
a ese punto, Castellanos, de forma manipuladora, psicológica y
emocionalmente empuja a su audiencia a anhelar y desear
desesperadamente lo que según él deberían lograr, pero no pueden,
exclamando lo siguiente: “Ahora
si en este momento tu sientes, que no estás dando el fruto pleno a
nivel ministerial, y ya te empiezas a incomodar en esa naturaleza, esto
significa que estás llegando al punto donde debe haber un cambio de naturaleza, pero ese cambio de naturaleza no
se da como fruto del azar, la persona lo tiene que anhelar, y cuando lo
anhela, tiene que clamar, la tiene que pedir con todo el corazón:
“¡Dios dame el cambio de naturaleza! “ (12) ¡No
conozco a ningún verdadero ministro fiel del Señor que no esté haciendo
todo lo que esté en su mano para agradar al Dios que lo llamó a Su
obra! ¡En serio, no conozco a ninguno, y Dios está con ese ministro!
Pero ahí está Castellanos asegurando a su audiencia que si no están
dando “el fruto pleno a nivel ministerial”,es debido a que todavía precisan de un “cambio de naturaleza”,
y que para lograr semejante “hazaña” tienen que clamar, para ver si de
alguna manera, logran convencer al Dios de la obra, para que haga Su
obra; ¡Inaudito! No sólo es esto una necedad, sino que es un absurdo
que ofende la inteligencia y la fe del creyente serio, aunque muchos –
por lo visto – son impulsados al agobio y a desesperar, porque llegan a
ser convencidos de que podrían conseguir mucho más ministerio, como si
eso llegara a depender de ellos o de su clamor. Escuchando
la falacia de Castellanos, muchos verdaderos ministros del Señor están
olvidando lo que la Escritura nos enseña acerca de los ministerios.
Leemos que en 1 Corintios 12: 5, se nos dice que la diversidad de
ministerios los da el Señor: “Y hay diversidad de ministerios, por el mismo Señor”.
Eso significa, que el ministerio y todo lo que implica, es
responsabilidad del Señor Jesucristo, y Él es el primer interesado en
que ese ministerio funcione según la voluntad del Padre. Lo que demanda
el Señor del ministro, es que sea un siervo fiel y prudente,
realizando fielmente su labor de servicio siempre, (Mt. 24: 45, 46).
Todo lo que vaya a más que eso, es consecuencia de la simple ambición
humana, fruto de mal compararse con otros...y de escuchar esos mensajes
como el de Castellanos. “Hoy
en día, muchos interpretan como la perfecta voluntad de Dios que todas
Sus iglesias sean megaiglesias, y cometen el clásico error de pensar
como el hombre natural piensa y determina” 4. Veamos qué significa el término naturaleza Constantemente vemos que Castellanos nos habla de una naturaleza, la cual ha de cambiar según él. Entonces, examinemos que es lo que la Biblia nos dice al respecto. En el Diccionario Bíblico Ilustrado, leemos lo siguiente: “Las
cualidades inherentes de un ser que se manifiestan en las varias
características que marcan y exhiben su existencia; la suma de estas
características es lo que recibe el nombre de su naturaleza, y de esta
manera se distingue a un ser de otro” (véase Gn. 1: 12) (13) Como hemos leído, el término naturaleza,
define los parámetros de existencia de un ser en cuestión. Como todo el
mundo sabe – excepto Castellanos, parece – el ser humano tiene una sola
e invariable naturaleza: la humana. Si el hombre pudiera cambiar de
naturaleza, dejaría de ser lo que es: hombre. Por lo tanto, pretender
un “cambio de naturaleza” es un completo absurdo. Cristo
no vino al mundo a cambiar la naturaleza humana en otra naturaleza,
sino a redimir al hombre; es decir, a librar al hombre del resultado de
su caída, y por tanto de la muerte eterna. Aunque “éramos por
naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef. 2: 3), cuando de
veras nos entregamos a Cristo, no se produjo un “cambio de naturaleza”,
sino un quebranto y muerte del viejo hombre (Ro. 6: 6), seguido de una
participación de la naturaleza divina. Leemos así en 2 Pedro 1: 4: “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” En
otras palabras, con la recepción de la salvación eterna, no dejamos de
ser lo que somos, es decir, seres humanos con su naturaleza como tales. Pero si por “cambio de naturaleza”, lo que pretende trasladarnos Castellanos es más bien un cambio de condición en
el creyente en lo material o en lo espiritual, también el autor
docenario se equivoca de pleno, ya que estando en Cristo todas las
cosas se han hecho nuevas desde el mismo momento en que le recibimos en nuestras vidas: “De
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas
pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5: 17) Enseñar otra cosa que esto, es engañar al oyente. 5. Pero para Castellanos el “cambio de naturaleza”, nada tiene que ver con el nacer de nuevo Definitivamente, Castellanos cuando está hablando de “cambio de naturaleza”,
no se está refiriendo a “nacer de nuevo” (Juan 3: 3), sino a un
presunto acto posterior a este. El dijo así textualmente ante sus miles: “...y
en el cambio de naturaleza, hay dolor. El gusano, cuando no quiere ser
más gusano, y anhela el cambio de naturaleza, tiene que desprenderse de
ese cascarón que le acompañaba por años, para convertirse en mariposa –
es en mariposa, no en mariposo – y en el cambio de naturaleza,
uno tiene que hacer un esfuerzo para liberarse del pasado, por eso
encontramos ejemplos como el de Jacob, que – Jacob - aunque tenía la
promesa de la Palabra de Dios, aunque su propio padre le había impuesto
las manos y lo había bendecido, él aún no había adquirido cambio de naturaleza. Y ha pasado lo mismo con muchos creyentes, que aman sinceramente a Dios, que tuvieron una conversión genuina,
que recibieron la promesa de la Palabra de Dios, tienen la promesa allí
pero ellos sienten que las bendiciones de Dios están aún muy lejos de
sus vidas. Sienten que Dios bendice a otros ministerios, bendice a
otros líderes, bendice a otras personas, pero esas bendiciones aun no
han llegado a ellos.” (14) Sin
ningún tipo de dudas, Castellanos nos está diciendo que la salvación
provista por Dios en Cristo Jesús no es del todo suficiente, ya que se
requiere de un posterior “cambio de naturaleza”. Como venimos diciendo, la doctrina del G12 no es evangélica. Según
él, hay dos tipos de cristianos nacidos de nuevo. Unos son los que
disfrutan de todo el potencial de bendición de Dios, y otros los que
no, y eso es porque unos han recibido esa metamorfosis (lo cual lo
compara con el cambio de ser gusano a ser mariposa – “no en mariposo” (¿?), y otros todavía no han experimentado esa transformación, la cual él inescrituralmente denomina: “cambio de naturaleza”. Por
otra parte, de forma subrepticia, señala y fomenta un celo envidioso de
unos en relación a otros, al decir que hay cristianos que sienten que
Dios bendice a otros ministerios, a otros “líderes”, a otras personas,
pero no a ellos. Desde luego que la solución a ese dilema no pasa por
ningún “cambio de naturaleza”,
sino en un aceptar con agradecimiento el trato de Dios en sus vidas.
Dios bendice a todos sus hijos, y lo hace como Él quiere, ¡y aquí no
cabe comparación alguna! ¿Cristiano carnal, cristiano espiritual? El
autor docenario, nos presenta dos tipos de cristianos muy diferentes.
Según nos lo explica, todos ellos son renacidos (Jn. 3: 3), pero uno de
ellos sigue siendo mentiroso, embaucador, carnal, libertino, etc. Para
ello nos coloca el ejemplo de Jacob. Castellanos dijo así textualmente
a renglón seguido: “Y
a Jacob le pasó eso, y por ese motivo, Jacob tuvo que apelar a la
astucia y a la sagacidad humana, y era mentiroso, era tramposo, era
astuto, o sea tenía muchos defectos, y algo similar sucede con estas
personas, aman a Dios pero también la vieja naturaleza los impulsa a
hacer cosas incorrectas: mienten, plagian materiales, copian CD´s, y
dicen que todo es para la gloria de Dios. Necesitan cambio de naturaleza, y ese cambio de naturaleza se da cuando uno lo anhela con todo el corazón.” (15) Como decimos, nos pone como ejemplo de cristiano renacido a Jacob, cuando él todavía no había rendido su vida a Jehová: “...y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios” (Gn. 28: 21) - lea el contexto: Génesis 28: 16-21. Bíblicamente,
no existe ningún verdadero cristiano –entiéndase nacido de nuevo y
lleno del Espíritu Santo, como debe ser – que sea como lo fue Jacob
antes de ser Israel. En otras palabras, no existen esos dos tipos de
cristianos, los espirituales y los carnales, eso no es más que un sin
sentido. Los que dice Castellanos que son como Jacob – engañadores,
mentirosos, carnales, etc, no necesitan un “cambio de naturaleza”, ¡necesitan arrepentirse y entregarse de veras a Cristo! Pero para él, como ya venimos diciendo, no sólo los carnales requieren de un “cambio de naturaleza”, sino también los genuinos cristianos. Veámoslo con detalle a continuación en sus propias palabras: Tanto para los “muchos creyentes, que aman sinceramente a Dios, que tuvieron una conversión genuina” - como para los que son como Jacob -que apelaba “a la astucia y a la sagacidad humana, y [que] era mentiroso, era tramposo, era astuto, o sea tenía muchos defectos...” Todos ellos: “Necesitan cambio de naturaleza...” (16) “Hoy
en día el grado de apostasía está creciendo a tal punto en lo que
denominamos Iglesia de Cristo (2 Ts. 2: 3), que es menester que el
verdadero cristiano se consagre del todo al Señor, rechazando todas las
innumerables tentaciones que pululan por doquier” 6. Para Castellanos, todavía muchos cristianos verdaderos están bajo maldición Castellanos asegura que para no ser “un líder esclavo y propenso a las maldiciones” (17) uno tiene que luchar con Dios como lo hizo Jacob, y no soltarle hasta recibir la bendición. El dijo así: “Jacob
llegó a un punto donde no se quiso conformar más con ser ese líder
esclavo y propenso a las maldiciones. Sabía que su hermano venía a
encontrarse con él y ese encuentro significaba decreto de muerte, y
allí fue cuando quiso tener una noche de intimidad con Dios. Pero fue
una noche de oración, y no era cualquier oración, porque posiblemente
ustedes han tenido noches de oración, pero nada ha pasado: ¡Señor
bendice, ayúdame, Señor quítame la aflicción...” pero nada sucede, ni
sienten que Dios está al lado de ustedes, parece que sus palabras pegan
en el aire...” (18) Comparar
al Jacob de antes de Peniel, con el cristiano renacido que conoce y ama
al Señor, no es de recibo. Jacob vivió en un tiempo incluso anterior a
la Ley. El en vida no recibió los beneficios de la Cruz, como los
recibimos todos los verdaderos cristianos. Nosotros los cristianos
hemos sido liberados de toda maldición de parte de Dios (y más todavía
del diablo), porque nuestro Señor se humilló a sí mismo, haciéndose
hombre y dándose a sí mismo en una cruz, haciéndose por nosotros
maldición (Gl. 3: 13) ¡Castellanos empequeñece la Cruz! Seguidamente se dirige a su público y le interroga: “Ahora
yo quiero preguntarles: ¿ustedes han tenido un tiempo de intimidad con
Dios de esta manera, donde han luchado con Dios con toda su alma, con
todas sus fuerzas y le han dicho: “Señor yo no te suelto hasta que tu
me bendigas”, y han sentido que viene la presencia de Dios, que les
bendice, y les dice: tu nombre será cambiado, así como le dijo a Jacob:
“ya no te llamarás más suplantador”, ya no serás más el segundo, a
partir de ahora serás un príncipe con Dios...” (19) ¡Qué
absurdo nos cuenta Castellanos aquí, pero con cuanta seguridad y
aplomo! ¡Hermanos, la Biblia enfáticamente nos enseña que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo,
para que fuésemos santos y sin mancha delante de él! (Ef. 1: 3, 4) ¿Qué
más bendición puede o debe darnos Dios que no nos haya dado ya? ¿Qué
lucha con Dios hemos de pelear para obtener qué más bendición que la
que Él ya nos ha concedido en Cristo Jesús? ¿Qué otro nombre Dios nos
ha de cambiar que no nos cambió el día en que nos rendimos a Él, y
recibimos a Su Hijo como nuestro Salvador y Señor? De nuevo, ¡Castellanos empequeñece la Cruz! El
ejemplo de Jacob aquí no vale. Todo lo que vemos en cuanto a la
intención del autor docenario, es a empujar al oyente a un imposible; a
un agobio y a una desesperación que le lleve a lo que a continuación
comentaremos, pasando por un ambicionar y hasta un codiciar, empujando
a compararse uno con la bendición de los demás. Fíjense bien en su
comentario: “ya no serás más el segundo, a partir de ahora serás un príncipe con Dios” (20)
¿Qué es eso de no ser más el “segundo” para ser el “primero”?
Respuesta: un alimentar y acrecentar el ego y la soberbia del oyente.
Pero no queda ahí la cosa... 7. Incitando al cristiano a que salga del cuerpo La
doctrina gnóstica (Nueva Era) es un elemento constante en la enseñanza
de los Castellanos. Como ya he mostrado en otros artículos, ellos
enseñan técnicas propias del ocultismo, mezclándolo con doctrinas
bíblicas, es decir, produciendo un invariable sincretismo que llega a
confundir al recién convertido, o a aquél que no es suficientemente
ducho en la Escritura. Las técnicas de visualización que no es sino magia blanca, es parte del asunto que se menciona aquí. Pero hay más. De nuevo siguiendo con Jacob, el gran docenario - ¿o debería llamarle doceta? – declaró ante sus miles: “Jacob lo logró después de una noche de oración, y en esa noche de oración, él sintió que hubo un desprendimiento de su alma; sintió que la parte espiritual se desprendía de la parte carnal, y por eso él dijo vi a Dios cara a cara, y fue liberada mi alma; porque hubo un desprendimiento.” (21) ¡Qué
falacia! ¡Qué tremenda osadía la de Castellanos! De veras que nos
parece inaudito que no haya más gente de Dios que se de cuenta de ese
atropello moral y espiritual y no se levante para denunciarlo. ¿Tan
ciegos estamos todos? Castellanos dice que Jacob experimentó “un desprendimiento de su alma” y “sintió que la parte espiritual se desprendía de la parte carnal”; dice que al tener ese encuentro con Dios, su alma fue “liberada”; es decir, su alma fue liberada de su cuerpo. Esto es lo que nos está diciendo Castellanos. Es la vieja doctrina del gnosticismo místico. Sin
denominarse gnósticos pero sí místicos, personajes como Ignacio de
Loyola (jesuita), Teresa de Jesús, etc. tuvieron experiencias
excorpóreas como las que menciona Castellanos. No es más que simple
hechicería. Pero primeramente, leamos lo que en realidad dice la Escritura (véase el contexto): “Entonces
Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón
respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y
llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios
cara a cara, y fue librada mi alma.” (Génesis 32: 29, 30) En el Comentario Bíblico Moody, leemos: “En
la lucha, Jacob vino a darse cuenta de su propia debilidad y de la
superioridad del Todopoderoso que le había tocado. En el momento de
ceder, vino a ser un nuevo hombre que podía recibir la bendición de
Dios y asumir su lugar en el plan de Dios” (22) Así es, y esto nada tiene que ver con “un desprendimiento de su alma”, ni que “sintió que la parte espiritual se desprendía de la parte carnal”. ¿De
dónde saca Castellanos que el alma y el espíritu de Jacob se
desprendieron de su cuerpo – o parte carnal? La Escritura no lo dice (y
no lo puede decir porque eso es brujería) Castellanos defiende su argumento diciendo que el alma de Jacob fue “liberada”, pero eso no es así. La palabra hebrea que se traduce por alma, y que en otras versiones, como la King James Version, se traduce por vida, es nephesh, y que literalmente significa “criatura que respira”. La palabra hebrea que se traduce por librar (o librada), es natsal, así que la traducción sería: “Vi a Dios cara a cara y mi vida fue librada” En
otras palabras, fue librada la vida de Jacob - ¡todo él! - y no sólo su
alma, o su espíritu. Al haber conocido a Dios como lo hizo, al verle
cara a cara, su vida fue librada. Su vida fue librada ¿de qué? Su vida
fue librada de la perdición eterna. ¡No lo fue de su cuerpo!, sino del
mal y del efecto de su antiguo nombre, que era suplantador. A partir de ese encuentro en Peniel (rostro de Dios), Jacob (suplantador) se llamaría Israel, es decir, “el que lucha con Dios, o Dios lucha”. Un nuevo nombre para un nuevo amanecer (ver Gn. 32: 31) Si
lo queremos expresar del siguiente modo, cada uno de nosotros, los
verdaderos cristianos, tuvimos nuestro Peniel en el momento en que nos
entregamos a Cristo, y consecuentemente nacimos de nuevo (Jn. 3: 3).
Pero para Castellanos, ese Peniel ocurriría más tarde; para él debiera
ocurrir después de ser ya la persona un hijo de Dios (Jn. 1: 12), y
entonces – según él - debería experimentar un “cambio de naturaleza” y una separación del espíritu respecto al cuerpo. Todo esto es herejía, la propia del gnosticismo místico. Para
entenderlo mejor, daré la siguiente explicación: resulta que en el
gnosticismo, el espíritu es bueno, y la carne o cuerpo, es malo. Se
enseña en la metafísica y en la Nueva Era en general, que el alma es
pura, pero que el cuerpo está contaminado, de ahí que sea necesario una
separación del alma y espíritu respecto del cuerpo. Eso, llevado al
extremo práctico, se llama “proyección astral” o “viaje astral”, y es obra absolutamente demoníaca. La enseñanza de Castellanos es la misma que la del docetismo.
La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico dividía
tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo
temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y
perfecto al segundo (23). Esa es, presentada con mucho tacto y astucia,
la doctrina de Castellanos. Jacob
no salió de su cuerpo. La Biblia no lo dice, porque no ocurrió. Cuando
Jacob había estado luchando con ese varón del cielo en Peniel, se dio
cuenta de que tuvo un particular encuentro con Dios, y Dios bendijo su
alma, apartándole del maligno y de sus asechanzas: “y fue librada mi vida”, dijo Jacob (Gn. 32: 30). Eso nada tuvo que ver con que su alma se desprendiera de su cuerpo (cosa que jamás ocurrió). Así como ocurrió a Jacob, también a usted, según Castellanos Y como ya nos tiene acostumbrados, Castellanos, traslada el ejemplo de Jacob a sus oyentes para ser seguido por éstos: “Si usted ha asistido a reuniones, ha pasado momentos de adoración, de alabanza, de intimidad con Dios, pero
no ha tenido ese momento donde siente que la parte espiritual se
desprende, se desliga de la parte carnal, aun no ha obtenido el cambio
de naturaleza.”(24) Castellanos, ahora sí a las claras, nos dice que implícito en ese “cambio de naturaleza” se produce el desprendimiento del espíritu, desligándose de la parte carnal o cuerpo. Lo que dice es herejía gnóstica. Si alguien argumentara aquí diciendo que en realidad esa parte carnal
aludida por el autor docenario, no se refiere al cuerpo sino a lo
pecaminoso (o carnal) le diría que no va de acorde con sus palabras, ya
que lo pecaminoso siempre tiene que ver con el alma y con el espíritu,
así como con el cuerpo. En otras palabras, el hombre cuando peca, lo
hace con todo su ser, no sólo con su cuerpo de carne. El
directamente está diciendo que el alma y el espíritu es lo puro, lo
cual se ha de desprender y desligar de la parte pecaminosa, que es la “parte carnal”. Esto
es gnosticismo, herejía docética. Y no obstante, su intención va más
allá. De forma subrepticia, aunque clara para el que tiene ojos para
comprender, Castellanos está haciendo una apologética acerca del salir
del cuerpo, como a él le ocurre - escrito está en sus libros (25) - y
que es obra demoníaca, y lo primero que aprenden a hacer los brujos y
los satanistas o luciferinos. ¡Cuidado si no ha tenido usted un cambio de naturaleza! Luego llega el sutil amedrentamiento a sus oyentes – entiéndase, cristianos nacidos de nuevo – diciéndoles que si no buscan ese “cambio de naturaleza”, son proclives a lo pecaminoso. Dice así: “Las personas que no han obtenido el cambio de naturaleza son más propensas a las caídas que aquellos que han recibido el cambio de naturaleza...” (26) Otra falacia más. ¿Dónde en la Biblia se nos dice que un hijo de Dios, si no experimenta un [irreal] “cambio de naturaleza” (¿?) vive una vida propensa a las caídas? En ninguna parte. Al contrario, el apóstol Pablo dijo: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8: 1, 2) Al recibir a Cristo como nuestro Salvador y Señor, fuimos librados de la ley del pecado. ¿Qué otro fantasioso “cambio de naturaleza” necesitamos? Pero Castellanos insiste, y después de haber advertido del peligro de no buscar ansiadamente ese “cambio de naturaleza”,
cambió su discurso de nuevo, mostrando en su escaparate lo que pudiera
resultar ser de lo más atractivo para el ministro y creyente en
general: un, y a todas luces, muy exagerado crecimiento numérico. Con
la parsimonia que le caracteriza, ante su extremadamente crédula
audiencia dijo que a causa de conseguir el “cambio de naturaleza” él y todos sus “líderes”, habían ganado ¡800.000 personas en sólo tres meses! –. Dijo así textualmente: “Por
tres meses establecimos ganar un millón de personas. No hemos
terminado, porque tuvimos que interrumpir por la temporada de fin de
año, pero hasta donde tuvimos el reporte, habíamos ganado casi 800.000
personas en sólo tres meses” (27) Aprovechando esa coyuntura de propia gloria, seguidamente desafió a su enardecida audiencia, preguntándoles e inquiriendo: “Y hoy me gustaría saber ¡¿cuántos de ustedes anhelan un cambio de naturaleza?!
¿Y quieren orar así como oró Jabes, y quieren orar así como oró Jacob?
¿Cuántos quieren una naturaleza para las multitudes? ¿Cuántos quieren
una naturaleza para la prosperidad? ¿Cuántos quieren tener naturaleza
de ricos?... ¿cuántos quieren tener naturaleza de pobres?... ¡nadie
quiere esa naturaleza, ja, ja! ¡Todos quieren la naturaleza de ricos!;
¡pero no se queden con el deseo!...” (28) ¡Lamentable
la manipulación de las masas! Pero más lamentable si cabe, es que haya
ministros que apoyen y promuevan a los que la realizan. “Los
que incitan al pueblo de Dios a poner los ojos en las riquezas de este
mundo, recibirán el peor castigo: “Cualquiera que haga tropezar a
alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le
colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en
lo profundo del mar. !Ay del mundo por los tropiezos! porque es
necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien
viene el tropiezo!” (Mt 18: 6, 7) 8. Conclusión Poniendo
a Jabes y a Jacob como interesados ejemplos, César Castellanos pretende
marcar una diferencia entre dos supuestas espiritualidades cristianas.
Una sería deficiente y pobre; la otra próspera y bendecida. Esa especie
de dualismo propio del docetismo gnóstico, es inexistente en la Biblia. Es metafísica, no es cristianismo. La
Biblia sólo nos habla de un antes y un después de Cristo para el ser
humano, y una vez uno está en Cristo (Jn. 3: 3), es una nueva criatura
(2 Co. 5: 17), bendecido por Dios y sirviendo a Dios (según Su
voluntad, y no el parecer personal de uno). En
realidad, el de Castellanos no es sino un alegato o defensa de las
pasiones humanas, cuando la Biblia nos dice de hacer morir lo terrenal
en nosotros: toda impureza (el amor a las riquezas es impureza
también), las pasiones desordenadas (vanidades), los malos deseos
(ambiciones y codicia, hasta de almas) y la avaricia, que es idolatría;
cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de
desobediencia (Col. 3: 5, 6) Pero los que verdaderamente son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Gl. 5: 24) Citando la misma escritura de Proverbios 22: 2 con la que se basó Castellanos para su improperio, y que dice: “El rico y el pobre se encuentran a ambos los hizo Dios”,
si un cristiano es materialmente más rico que otro, estando los dos
andando conforme a la voluntad de Dios, esa es una realidad cotidiana
que no cesará porque el menos “agraciado” busque desesperadamente un
inexistente “cambio de naturaleza”.
Siempre habrá ricos y pobres, sabiendo que para el segundo también,
“toda buena dádiva y don perfecto desciende de lo Alto, del Padre de
las luces, en el cual no hay duda ni sombra de variación” (Stgo. 1:
17), porque Dios no hace acepción de personas (Deut. 10: 17) Si
un ministro o pastor tiene bajo su responsabilidad una congregación
numéricamente más grande que la de otro ministro, andando ambos
conforme a la voluntad de Dios, también es esa una realidad cotidiana
que no cambiará porque el segundo busque desesperadamente un
inexistente “cambio de naturaleza”,
ya que toda buena dádiva y don perfecto desciende de lo Alto, del Padre
de las luces, en el cual no hay duda ni sombra de variación; el don y
llamamiento de Dios son irrevocables, y el crecimiento lo da Dios
(Stgo. 1: 17; Ro. 11: 29; 1 Co. 3: 6, 7) Y así, en adelante. Mejor,
agradecidos, contentémonos con lo que Dios nos da (1 Ti. 6: 8), con Su
llamamiento, con su dirección, con su dádiva, etc. porque como quiera
el Señor que le sirvamos, sea con mucho o sea con poco (Mt. 25: 14-30),
si lo hacemos todo para solamente agradarle a Él, y con todas nuestras
fuerzas, dejando de lado toda carnalidad, banalidad, ambición y
codicia, estaremos haciendo Su perfecta voluntad, y seremos de
bendición a los demás. Todo
lo que incite al creyente a buscar más allá de lo que Dios le provee o
le bendice, es fruto del simple descontento, codicia y avaricia, que es
idolatría. ¡Huyamos de la idolatría, hermanos, y huyamos de los que así
enseñan! Y a mí también me gustaría terminar este escrito empleando la sabiduría del libro de Proverbios: “Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera: vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas;
manténme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga:
¿Quién es Jehová? O que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi
Dios.” (Proverbios 30: 7-9) El que tiene oídos para oír, oiga. Dios les bendiga © Miguel Rosell Carrillo, pastor de Centro Rey Jesucristo, Madrid, España. www.centrorey.org |
| Last Updated on Saturday, 19 September 2009 01:44 |






